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La Coctelera

LA PÁGINA IMPAR

En donde tú estás ahora estuve yo, donde yo estoy ahora tú estarás

15 Enero 2012

Días en blanco

18/09/2008

Dicen que no quedan hoy palabras, que se escapan, que huyen riéndose a lo lejos. Eso dicen. Que buscarlas es no tener norte ni sur, ni tener de cara el horizonte, ni de espalda el camino que se desea no haber dejado.

Apareciste tu, y es entonces cuando dejé de buscar.

07/10/2008

No hay días que se sostengan pensando que el edificio de una vida no se  pueda mover. Ser, renegado de los árboles cuando se quiso crecer, y ahora, fabricante de ríces de plástico, ramas de hielo, hojas de hilo que se descosen. No hay días que sostengan este pensamiento, ni a veces hay viento que lo pueda mover.No.

Si quedan hoy las palabras, que no haya que buscarlas.

31/01/2007

 

Necesitaba encontrar un pensamiento que le hiciera correr, huir si perdía la batalla contra aquella expresividad sucesiva, lacerante, que andaba en forma de impostura como un barco por sus cicatrices, un soplo familiar que no borraba ese aire macilento que se extendía por su ser. Era miedo a morir. Pino retuvo la mirada a la lluvia que empezaba a caer, así, ocultando el llanto pudo recordar...

...Pocos árboles se destapaban cuando la primavera, con un alma de pronto estío, cubría la chopera en un manto de nocturna impenetrabilidad. Eso no les importaba los muchachos, tres siluetas, que se distinguían por su porte. El mayor llevaba un rifle de aire comprimido abierto en forma de V, gesticulaba, como si en cualquier momento fuera a lanzar aquella victoria .El desagradable sabor de los perdigones en la boca, le hacía escupir continuamente, aunque no paraba de reír con su compañero, un tipo rechoncho que llevaba una linterna, atrás y recibiendo continuas órdenes, un joven Pino arrastraba una garrafa de cerveza a la que a cada dos pasos aligeraba de peso. Se pararon frente a un enorme nogal.

El de la escopeta echó un balín a un lado de la boca y escupió:

 

- Ayer le metí el dedo, tío...una peste a bacalao, yo acercando la mano y ella quitándomela. Al final hasta le gustó, vaya si le gustó.

 

-Con lo santa que parece.

 

-Luego cuando la llevé a su casa me dijo que nos habíamos pasado, cuando estaba allí gimiendo, no decía nada la muy guarra.

 

Los años lo habían hecho de sal, montón sobre montón, como si un sol eterno evaporara el mar que engendró su figura. Cristal hacía sus pensamientos, convertía en herida sus roces, espesaba sus miradas. Etérea figura que esa noche buscaba disolverse en sudor, si acaso, que la luna lo licuara al hacer subir una marea de saliva. Pero Pino preveía una ola, un fuerte muro que tuviera los santos cojones que tenía él y que se atreviera a chocar. Por ahora, cualquier mirada marcial se ahogaba en un festín de ahincadas golosas, cuerpo devorado por un sigiloso compás de besos.

 

A su lado estaba el Petrovick, una balanza equitativa, que en una mano sostenía "Los miserables" de Victor Hugo y con la otra trataba de acariciar la cerveza que le ronronea. Bailarín sobre chapas, este JeanValJean de barrio, había encontrado la paz en aquel ecosistema, incluso cuando los muchachos pasaban recordándole las visitas al recto: "¡Te la metieron bien, eh Pedrito!".Petrovick no se molestaba en levantar la vista, en cambiar una dimensión cincelada por recuerdo de oír más el eco que la voz, lastrada de no abogar por su propia causa. Vaciado del extremo de gritar hasta salir de si mismo, señalarse, sentirse hombre y animal, en un campo donde juegan el can agradecido y el dueño que tuvo el valor de rescatar de la camada al cachorro, que en su día, la sociedad apartó para la jaula. Si las lágrimas son palabras que la gente lee despacio, Petrovick ocupa su tiempo en hacer creer a todos y a sí mismo, que secar los ojos es memorizarlas desordenadas.

 

Una fábrica de destruir cigarrillos y no esperar nada, tarda en contestar.

 

- Les doy asco- Se responde- ¿No es eso lo que dijeron el otro día?.

 

-Venga y líate eso ya, cojones- contesta Pino que tiene los puños en blanco de apretar el borde del banco.

 

-Líatelo tú con la polla.

 

-¿A dónde vas?

 

- A ver si además de mirar, saben también hablar.

Pino se toma poco tiempo, la conoce, no necesita hablar para saber lo que quiere, lo que ella y él se arriesgan. Se la juega

Tags: palabras

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Sobre mí

Una expresividad torturada y lacerante, una sucesiva presencia de un mismo personaje en diferentes momentos de la historia, donde emerja, en una u otra forma, el concepto de esclavitud humana. Eso soy

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