LA RELATIVIDAD SEGÚN ASIMOV
“¿Es posible que cuando de niño se acepta algo con convencimiento, se olvide del estado anterior de “desconocimiento” o “conocimiento erróneo? ¿La actividad cerebral de la memoria se limita a borrar todo lo anterior?”. Si tuviera que contestar esa pregunta, diría que en un punto de nuestra vida tuvimos que establecer esa frontera de separación de ciencia y ficción y optar por la primera si uno pretendía no perderse en la segunda. Una cuestión práctica según Asimov: “Probablemente nos perjudicaría vivir bajo la impresión infantil de que los conejitos hablan, sobre todo, una vez que hemos descubierto que no lo hacen”.
El algún momento de nuestra vida tuvimos que establecer una frontera interior entre estas dos palabras. Cuando comenzamos a adquirir conocimientos, cuando el saber científico, el demostrado e inamovible entra rompiendo de una vez para siempre, es cuando de verdad se establece la frontera ciencia-ficción. Sólo una vez en la vida el cruce de esa frontera es obligado, el resto lo estableceremos a nuestra conveniencia y solamente en muy contadas ocasiones será una huida.
Y es que leyendo estos días las memorias de Isaac Asimov, no se me ocurre otra manera de definir una palabra, planteada tan fea como es la ciencia ficción, que renombrarla como una huida, un continuo y necesario camino que necesitó de borrar un rastro para reafirmar otro.
Siempre pensé que Asimov era un exiliado, un tipo que pasó al otro lado del telón y lejos de estar agobiado por la presión del KGB, o quizás para demostrarles que tampoco le había vendido a Occidente la fórmula de motor de agua se dedicaba, en forma de artículos y libros, a desvelar lúdicamente el mundo de la ciencia. Le echaba mucha especulación e imaginación a la vida por entonces.
Nacido en Rusia en 1920, llegó a Estados Unidos tres años después. Ni los progomo rusos, ni la Revolución, ni la Guerra Civil entre Rojos y Blancos. Simplemente una decisión dolorosa y arriesgada puso a toda su familia en Nueva York poco antes de que se cerraran los cupos migratorios para Los Estados Unidos en 1924. El celo en su intimidad del matrimonio Asimov, que sólo se comunicaban en ruso cuando no querían que nadie supieran de qué estaban hablando y el interés en que sus hijos se adaptaran a la cultura americana, hicieron que el escritor borrara totalmente de su existencia sus orígenes, desconociendo hasta su idioma original.
Tiene que ser un agobio para todos los intelectuales, científicos, artistas, etc. judíos estar hostigados casi continuamente por los suyos para que vayan por la vida haciendo una eterna campaña prosionista, más todavía cuando prácticamente desde su creación es imposible no adoptar frente a los comportamientos del Estado de Israel una postura crítica y de permanente denuncia. Este es el caso de Asimov. Educado en la religión judía aunque no practicante, lo que comenzó como el rechazo de denunciar el antisemitismo a no ser que se denunciase la crueldad contra el hombre en general. Le siguió un permanente acoso y posterior enfrentamiento cuyo cenit se produjo en 1977 durante su choque dialéctico en un debate con Elie Wiesel, superviviente del Holocausto.
Éste muy excitado comenzó diciendo que no confiaba en los científicos y en los ingenieros porque habían participado en la dirección del Holocausto. Asimov calló, sabía que Wiesel había dicho aquel comentario con toda la intención del mundo, pero al final no pudo evitar saltar: “Señor Wiesel, es un error pensar que porque un grupo haya sufrido una gran persecución, esto sea una señal de que sean virtuosos e inocentes. Podrían serlo, sin duda, pero el proceso de persecución no es una prueba de ello. La persecución simplemente demuestra que el grupo perseguido es débil. Si hubiesen sido fuertes, por lo que sabemos nosotros, podrían haber sido los perseguidores”.
Un Wiesel excitado en seguida alegó: “Déme un solo ejemplo en el que los judíos hayan perseguido a alguien”. En aquella época no se habían recrudecido los problemas con los Palestinos y Asimov, que probablemente se había tenido que defender de estos debates previamente, se remontó a ejemplos bíblicos. Aunque ese día el debate terminó en ese punto, y perdió ante una audiencia entregada a Wiesel, la polémica le perseguiría toda la vida.
Es difícil siendo judío/a ser crítico y denunciar la labor opresora, de un estado que vino de que sus ciudadanos sobrevivieran a algo tan espantoso como fue el exterminio en masa del Holocausto. Ojo, tampoco defiendo las reivindicaciones palestinas basada en el terrorismo y la violencia, en mandar iluminados (incluidos niños) a inmolarse por la salvación eterna. Al final la violencia de ambos bandos los sufren los civiles. Tristemente, son al final intereses y personas que los representan, los que dirigen la situación y a las personas como peones, sufriendo el dolor al final los de siempre: los pueblos.
De la personalidad de Asimov ser humano, de sus memorias irrita terriblemente su egocentrismo (que no esconde), su defensa a ultranza del individualismo y más en un hombre de ciencia, donde la labor de un equipo es tan importante, su atocomplaciencia…Y otros muchos defectos que en estas memorias probablemente oculte, porque quién escribe sobre si mismo para tirarse piedras.
